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Temas Argentinos

Aquí puedes encontrar información sobre el "Tango", "Historia argentina y latinoamericana" y "Autores y libros olvidados".

8 Septiembre 2009

CHAU, ALORSA

 

 

"Ya Tata Dios no es argentino", dice Alorsa (Jorge Pandelucos, 1970-2009) en "La cría del Plata", el tango suyo que a nosotros más nos gustaba. Y el 30 de agosto pasado tuvimos la demostración cabal de que el Gordo tenía razón. Porque si con él se nos fue un amigo entrañable y generoso al que seguimos llorando, su partida -insospechada y cruel- es más dolorosa aún por lo mucho que la canción popular argentina se priva con su pérdida. Porque, pese  a su modestia y a su nada ostentoso modo de conducirse, el Gordo Alorsa era un talento de esos que la canción popular no prodiga con demasiada frecuencia. Y como suele suceder -en este tinelizado mundo en que vivimos- su enorme capacidad era inversamente proporcional al escueto tamaño de su fama. Tenía 38 años -cumplía 39 el próximo noviembre- pero los públicos más vastos todavía no lo conocían, un poco en razón de que su ingreso al mundo del tango era reciente, pero en mayor medida porque la poesía de Jorge era sabiduría popular en estado puro, ésa que para los gerentes de contenidos de nuestros medios representa lo que el ajo para Drácula o para Superman la piedra kriptonita.

Trayendo consigo toda su experiencia vital de muchacho de barrio, de vagabundo vocacional puesto a "tachero", de hombre para quien nada de lo humano -sacro o profano- resultaba ajeno, el Gordo Alorsa ("cantautor y enólogo", como gustaba definirse) se había convertido en poco tiempo en artista de culto, en un poeta casi secreto seguido con unción por un grupo de admiradores en constante crecimiento. Porque si aún no era un artista masivo no nos caben dudas de que le sobraban condiciones para llegar a serlo. Seguros de ello, lo instamos muchas veces a que se aventurase por los arduos meandros del medio tanguero de Buenos Aires, convencidos como estábamos de que su arte (y muy especialmente su poesía) sabría entrar con paso de triunfador en la gran ciudad que el tango hiciera suya. Porque Jorge Pandelucos era el poeta que el tango esperaba desde hace, por lo menos, un cuarto de siglo. Sus tangos, sus milongas, candombes y valsecitos poseen la frescura y la profundidad que los grandes maestros del género supieron instilarle a nuestra canción, con el añadido, claro, del soplo nuevo, contemporáneo que el Gordo y su "Guardia Hereje" sabían brindarle. Por eso, pese a su mutis inesperado e incomprensible, nos inclinamos a profetizar que la huella de Alorsa va a perdurar en el género que otrora honraron los Manzi, los Discépolo, los Cátulo, los Celedonio... Quien supo escribir: "No sé si soy feliz o la tele me ha engatusao"; quien supo decir: "Jesús se las tomó y dejó una cruz de identikit"; quien supo cantar: "no es posible un mundo mejor con árbitros bomberos", no puede irse así nomás. Y el Gordo no se fue.         

 

Juan Carlos Jara

 

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17 Agosto 2009

JOSE GONZALEZ CASTILLO (2)

 

 ORGANITO DE LA TARDE (*) Una anécdota.

Cátulo Castillo no había concluido aún el  bachillerato, cuando, a los 17 años, compuso su primer tango famoso: "Organito de la tarde", titulado así por su padre y también por su padre inscrito en un concurso organizado por la empresa de Max Glücksmann. Éste era un inmigrante ucraniano que había llegado al país en los días de la revolución del Parque (1890) y en poco tiempo había erigido un emporio que incluía cadenas de cines,  teatros, grabación de discos, distribución de películas, etc. En 1924 tuvo una excelente idea: organizar un certamen de tangos inéditos. La iniciativa prosperó y los concursos del Disco Doble Nacional Odeón (don Max tenía la concesión de esa marca en nuestro país) se prolongaron año tras año, con éxito creciente, hasta 1930, el año de la crisis.

     Cátulo interviene en el de 1924 obteniendo el tercer premio, detrás de Canaro y Lomuto y precediendo a figuras de gran predicamento como Filiberto, Delfino y Arturo De Bassi, entre otros. "Así me lancé a la vida profesional -recuerda Cátulo- con la protesta de los músicos consagrados, quienes creían que yo estaba arreglado por mi padre".

     Conviene recordar que, para entonces, don José era empleado de la casa Glücksmann, por lo cual la suspicacia de los músicos consagrados tenía cierto asidero. Por otra parte, el sistema de votación daba lugar a toda clase de resquemores. El que elegía era el público presente en la sala (las distintas rondas se llevaron a cabo en el cine y teatro "Gran Splendid"), a través del talón de la entrada, y la comisión de escrutinio la integraban empleados de confianza de la empresa organizadora. El más ofuscado de todos los contrincantes de Cátulo fue, el de por sí irascible, Juan de Dios Filiberto. Poco antes de discernirse los primeros premios, el autor de "Caminito" llamó a don José en un aparte y lo encaró:

     "- Usted lo está echando a perder al mocoso ese, porque va a entrar en la competencia final conmigo. Si me gana, sepa, señor Castillo, que yo me he criado matando vigilantes.

     "Mi padre se paró y agrandándose le dijo:

     "-¿Usted se ha criado matando vigilantes? Sepa que yo me crié matando sargentos. Les daba dos puñaladas de ventaja y los cagaba a patadas".  

     Filiberto quedó quinto con su tango "Amigazo" y aunque la sangre no llegó al río, la realidad es que sus sospechas no resultaban infundadas. José González Castillo se lo explicó cierta vez a Francisco García Jiménez: "Creí comprender en seguida cómo era el jueguito del concurso. Si cada entrada al cine equivalía a un voto, y viceversa, ganaba en fija el competidor que sacaba más entradas en la taquilla". Convencido de la calidad de la obra y de la vocación musical de su hijo, don José decide incidir en el veredicto "popular". "Me largué a sacar montones de entradas y convertirlas en votos desde la primera rueda". Cuando llegó la fecha de cierre, "resuelto a endeudarme si era necesario, para que mi hijo ganara, corrí al Grand Splendid a sacar entradas por talonarios enteros. Y allí me enteré con amarga sorpresa de que no quedaba a la venta más que una discreta cantidad. El resto ya había sido despachado".

     Se le habían anticipado sus rivales, es decir Canaro y Lomuto, estrellas del Disco Nacional, la empresa de Glücksman. "Yo me fui rabioso con  las magras entradas que conseguí. Y esa noche la urna dio el primer puesto a Canaro, el segundo a Lomuto y el tercero, lejos, a Cátulo".

 

     De Juan Carlos Jara, "Barro de arrabal. Vida y obra de Cátulo Castillo", Ediciones del Instituto Arturo Jauretche, Bs. As., 2008.

  (*) Letra, partitura y versión instrumental por la orquesta de Cristóbal Herreros en http://www.todotango.com/spanish/las_obras/letra.aspx?idletra=360

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17 Agosto 2009

JOSE GONZALEZ CASTILLO (1)

 

GONZALEZ CASTILLO, JOSE

(1885-1937)

 

Nace en Rosario, provincia de Santa Fe, el 26 de enero de 1885.

Huérfano de padre y madre antes de cumplir los diez años, vive una infancia errante que lo lleva a recalar en Orán, Salta, donde es amparado en su iglesia por el párroco del lugar. Primero oficia de monaguillo, luego de sacristán y finalmente ingresa en el seminario conciliar de la provincia. Se distingue como un alumno muy aplicado pero, carente de vocación sacerdotal, termina desertando del seminario, lo mismo que de un regimiento tucumano al que se incorporó poco tiempo después. Trabaja como peón de estancia, resero, y dependiente de pulpería. No tiene 20 años cuando regresa a Rosario. Se desempeña en otro sinnúmero de oficios, hasta que ingresa como periodista en el diario "La Capital". Allí conoce a Lisandro de la Torre y anuda una fraternal amistad con Florencio Sánchez.

Hacia 1905 se radica en Buenos Aires. "Con Florencio, desarrapado y rebelde como Castillo -dice Federico Mertens-, frecuentan sociedades secretas y proletarias y conocen algunas veces los calabozos". En el café de Los Inmortales conoce al escritor libertario Alberto Ghiraldo (ver "Los Malditos", vol. III)  quien lo hace ingresar a "La Protesta", diario anarquista. De esa época es su primera obra teatral: "Los rebeldes". El cuadro filodramático que la estrenó, el público asistente y el mismo González Castillo terminaron la velada entre rejas. Así -dice César Tiempo-, nuestro autor se empezaba a hacer un nombre en el teatro y en los archivos policiales. Pero el pichón de dramaturgo siguió adelante sin arredrarse. A "Los Rebeldes" sucedió "Del fango", sainete estrenado por Pepe Podestá en 1907 y dos deliciosos cuadros orilleros en verso: "Entre Bueyes no hay cornadas" (1906) y "El retrato del pibe" (1908). Le siguen "Luigi" (1909), su primer gran éxito, y "La telaraña (1910), donde denuncia la deshumanización del sistema policial y jurídico, retomando la metáfora del "Martín Fierro", así glosada por el protagonista: "Francamente, amigo, bien dijo aquél que dijo que la justicia era una tela de araña; enredada y elástica como ella, solo atrapa a los bichos débiles".

Hacia la fecha del primer centenario debe emigrar con su familia a Valparaíso, Chile, donde se gana la vida correteando vinos y -para despuntar el vicio- dirige el periódico de combate "Bric a Brac". Su actividad periodística le depara aquí también problemas con las autoridades por lo que decide regresar a Buenos Aires. Se afinca ya definitivamente en el barrio de Boedo, al que legará memorables proyectos culturales como la Universidad Popular (fundada en 1928) y la peña cultural Pacha Camac (1932) que comenzó funcionando en los altos del café Biarritz y lo sobrevivió casi dos décadas. También dejó una larga serie de discípulos (desde Betinoti hasta Homero Manzi) que entendieron lo que éste llamó su "estética criolla", en la que lo popular no se confunde con la chabacanería ni con la "jerarquización" elitista, a las que son tan proclives algunos artistas de ayer y de hoy.   

En los años que van de 1914 a 1918 se consolida como dramaturgo a través de títulos como "Los invertidos" (1914), "El hijo de Agar" (1915), "La mujer de Ulises" (1918), "Los dientes del perro" (1918). En esta última pieza estrena su primer tango "¿Qué has hecho de mi cariño?", al que siguen "Sobre el pucho" (1922), "Organito de la tarde" (1924), "Griseta" (1924), "Silbando" (1925), "El aguacero" (1930) y muchos otros, escritos en su mayoría sobre música de su hijo Cátulo.  

Decidido partidario de los nuevos medios masivos, participa de los primeros balbuceos de nuestro cine con los guiones de "El fusilamiento de Dorrego" (Mario Gallo, 1909) y "Juan Moreira" (1910). En 1913 escribe el guión de la historieta cómica "Viruta" y en 1915 redacta las leyendas de "Nobleza gaucha", el primer gran éxito del cine nacional. También, después del '20, escribe para la radiofonía y cultiva, con ingenio, el nuevo género de la revista porteña. Pero su labor no se agota allí. En 1909 crea la revista especializada "Teatro criollo", y al año siguiente se encuentra entre los fundadores de la "Sociedad Argentina de Autores Dramáticos y Líricos", embrión de instituciones actuales como "Argentores" y "SADAIC". Con certeza ha dicho José Antonio Saldías: "La vida de este escritor intensísima en episodios y en actividad mental e intelectiva, tiene la singularidad de una dedicación permanente a los problemas, conflictos y aspiraciones de la colectividad".

Falleció repentinamente, mientras dormía, el 27 de octubre de 1937. Su obra aún está por justipreciarse.

 

Juan Carlos Jara (Del libro "Los malditos", 4, editorial Madres de Plaza de Mayo, Bs. As., 2009)

 

 

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24 Junio 2009

SCALABRINI: ENTRE PERON Y PINEDO

 

Fragmento de "BRIZNA DE MULTITUD. Vida y pensamiento de Scalabrini Ortiz", de Juan Carlos Jara. Este libro está a punto de aparecer en la colección "No me olvides" de la editorial del Instituto Superior Arturo Jauretche y lo presentamos como primicia para nuestros lectores en homenaje al 50º aniversario del fallecimiento del insigne patriota.

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FORJA se ha autodisuelto el 15 de diciembre de 1945 y varios de sus integrantes -incluido Jauretche- participarán en diversos cargos dentro del gobierno del coronel Domingo Mercante, en la provincia de Buenos Aires. Scalabrini, en cambio, permanece al margen de la función pública, un poco por opción propia y en buena parte por imposición de las circunstancias. Sabemos que en su afán por preservar la indemnidad de su pensamiento siempre fue reacio a participar de lo que él llamaba la "realización" política. Pero también es evidente que esa prescindencia estaba referida exclusivamente a la acción y no a la "enunciación", es decir a la reflexión teórica, por lo que la presencia de Scalabrini no dejaba de perturbar el sueño de ciertos burócratas y cortesanos que comenzaban a rodear con un halo de venal obsecuencia la figura del Presidente. Dice Enrique Bares que a partir de las jornadas de octubre, el "esquema nacional" de Scalabrini "mantendrá una profunda y decidida vocación por lo social", y que sus escritos van a estar ahora dirigidos fundamentalmente "al sector obrero-gremial". Son los días en que, como recuerda  Galasso, para escándalo de muchos "antiimperialistas de media cuadra", Scalabrini le plantea a J. J. Hernández Arregui la idea de fundar un partido de izquierda con raigambre argentina, una especie de comunismo de ribetes nacionales. La idea no llega a consolidarse pero sobrevuela algunos de los escritos scalabrinianos de la época. De todos modos, no es acertado identificar - ni magnificar, como se ha hecho recientemente- el indiscutible silencio de Scalabrini durante la gestión peronista, con el que sufriera -boicot de la prensa mediante- en los años anteriores a 1945. Ahora se trata de un "silencio consciente" -como lo llama Vicente Trípoli-, hasta cierto punto voluntario, dictado por las circunstancias y el patriotismo incuestionable del escritor. De haber querido criticar al gobierno no hubiera terminado "plantando árboles en las márgenes del río Paranacito" ya que las puertas de "La Nación" o "La Vanguardia" se le hubieran abierto de par en par. Lo mismo que las emisoras radiales de países limítrofes y los medios de prensa continentales adheridos a la proimperialista S. I. P. (Sociedad Interamericana de Prensa). El mismo Scalabrini explica su actitud en un trabajo de 1950: "En el enfrentamiento a ese enemigo desleal que se llama capital extranjero debemos cuidar nuestras apreciaciones para que no contradigan nuestras ideas generales. Debemos cuidar nuestras ideas para que no se opongan a nuestros sentimientos y cuidar nuestros sentimientos para que permanezcan adheridos al sentimiento de las grandes masas populares que llevan en sí la mayor cercanía de la verdad política". Ya para entonces se han cristalizado muchas de las medidas propiciadas durante más de una década por él y sus correligionarios del forjismo, pero es consciente de que la lucha no ha terminado. "La declaración de la independencia económica -dice-  fue un acto trascendental, de inmensas proyecciones históricas, pero no es un punto final, es un punto de partida". Pese a ello, es mucho lo que se ha avanzado y ahora "las ventajas están en el campo de los patriotas". Él sabe claramente de qué lado se encuentra en esta batalla y se deslinda con lucidez: "Ya no somos insurgentes contra el poder constituido. Somos parte de un poder: somos el poder mismo". Reconoce, sin embargo, que "hay muchos actos, y no de los menos trascendentales, por cierto, de la política interna y externa del general Perón, que no serían aprobados por el tribunal de las ideas matrices que animaron a mi generación. Pero de allí no tenemos derecho a deducir que la intención fuese menos pura y generosa". Sería desconocer la integridad moral de Scalabrini -probada a cada paso de su trayectoria -  sospechar alguna clase de obsecuencia en esas palabras. Él sabe distinguir perfectamente entre teoría y práctica políticas. Por eso,  "cualesquiera sean las diferencias de apreciación" con el gobierno peronista, tiene la plena convicción de que la disyuntiva fundamental de ese momento histórico no es "entre el general Perón y el arcángel San Miguel. Se trata de optar entre el general Perón y Federico Pinedo", en tanto Pinedo, el verdadero enemigo interno, "simboliza un régimen político y económico de oprobio, y un modo de pensar ajeno y opuesto al pensamiento vivo del país".

 

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24 Junio 2009

HOMERO MANZI: LETRAS PARA LOS HOMBRES

 

 

Cuando hacia 1927 Homero Manzi deja el servicio militar y le comenta a su amigo Arturo Jauretche: "estoy frente a dos caminos, ser un hombre de letras o hacer letras para los hombres", el futuro poeta de "Sur" ya tenía largamente decidida la opción. Que en realidad es una disyuntiva a la que se enfrentan todos los intelectuales de un país dependiente; ser hombre de letras no significaba, como aún piensan muchos, desechar un destino de literato grande, de poeta culto en aras de abandonarse generosamente en brazos del pueblo. El verdadero hombre de letras es el que hace letras para los hombres. En nuestros países, en cambio, ser hombre de letras significa repetir, con mayor o menor talento, las viejas mentiras del aparato ideológico, colaborando en la colonización pedagógica de las masas. Ser hombre de letras entre nosotros es avenirse a las ideas de la clase dominante -en el caso de Manzi, la vieja oligarquía agraria aliada al imperialismo inglés-,  asentadas sobre estos dos fundamentos:

1) sobrevaloración de lo metropolitano,

2) menosprecio de lo propio, especialmente de lo popular.

 Manzi reaccionó contra eso, por convicción política y humana, y optó por la única opción válida de aquella disyuntiva, optó por la barbarie contra la civilización, como antes había optado por el yrigoyenismo contra el cosmopolitismo conservador. Y de esa convicción van a surgir sus poemas, sus películas, sus glosas radiales, sus crónicas periodísticas. A diferencia de los hombres de letras -como Borges, como Mallea, como tantos otros- Manzi no se asustó de los medios de comunicación masiva, no creyó que fuera menos poeta porque escribiera letras de tangos, ni porque sus obras completas jamás fueran contenidas en libro.

 

JUAN CARLOS JARA

(Fragmento de un libro en preparación).

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28 Abril 2009

REMESAS Y REMESAS

 

Es muy común leer y oír en los medios de prensa conservadores (es decir, todos o casi todos los medios) que muchos países periféricos, especialmente los más débiles de nuestra región latinoamericana, basan en buena  medida la viabilidad de sus economías en el flujo de remesas que reciben de los emigrantes que trabajan en Estados Unidos y Europa. De esa manera -mostrando solo una cara de la realidad- se trata de acentuar entre nosotros el complejo de inferioridad imprescindible para ejercer el dominio cultural, sin el cual la sujeción económica y política imperialista no podría existir. Las remesas son una realidad, nadie lo pone en dudas, pero de lo que no se habla es de las inmensas sumas que empresas monopólicas se llevan de nuestros países en conceptos de "royalties", dividendos y derechos de todo tipo. Esas también son remesas ¡y de qué magnitud!

Pero se trata sólo de una parte del problema, pues también nuestros países -o mejor dicho, sus masas laboriosas- han costeado con su esfuerzo los "desbalances globales" que caracterizaron la economía mundial de las últimas décadas. Como bien explica el economista Guillermo Wierzba ("Pagina 12, 27-4-'09) estos desbalances "consistían en los superávit comerciales permanentes de países periféricos que financiaban los constantes déficit externos de los Estados Unidos. Así, el exceso de ahorro de esas naciones ‘emergentes' sustentaba el creciente endeudamiento público y privado estadounidense. Aquéllos exportaban una parte sustantiva de su producción e invertían en dólares, o títulos de deuda de la superpotencia, las divisas que acumulaban". Esa nueva crisis de la deuda -en la que ahora los endeudados son los antiguos acreedores- está en pleno desarrollo y se verá cuál es su resolución. ¿Fin de la era del dólar? ¿Hegemonía del yuán? ¿Guerra de las galaxias? Nadie puede saberlo. Pero lo cierto es que el modelo estructural de las relaciones económicas globales, asociado -como apunta el citado economista- "a un insuficiente despliegue de los mercados internos de los países en desarrollo para absorber la producción de sus economías", tiene un basamento innegable en el precario consumo de las masas "emergentes". Como decía Jauretche nuestra flaqueza no es el "consumismo" sino todo lo contrario, la falta de consumo. Norteamérica, en cambio, se convirtió del modo descrito por Wierzba, en el gran consumidor a escala planetaria, en el insaciable parásito de la producción del mundo semicolonial. "Así -concluye el economista-, un régimen de regresividad distributiva se construía entre las naciones en las que se producía con bajos costos salariales, y contaban con mercados internos estrechos por la misma razón, y el país que poseía el atributo para asumir el rol deficitario permanente y creciente".

¿Esta historia continuará?

 

Juan Carlos Jara

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17 Abril 2009

¿TU QUOQUE, LANATA?

 

   En un discurso reciente, al presentar el proyecto de homenaje a Scalabrini Ortiz por el cincuentenario de su muerte, la Presidenta dijo que este gran argentino, lo mismo que otros como Jauretche, Manzi y Discépolo, fueron "casi silenciados" por los grandes medios de prensa de su época. Pese a moderar un tanto su afirmación con el reticente "casi", varios medios -acaso por sentirse aludidos- salieron a refutar esas palabras de la primera mandataria. Hemos leído artículos sobre el tema en, por lo menos, dos publicaciones partidarias ("Prensa Obrera" y "Crítica de la Argentina"). En ambas se niega que estos pensadores nacionales hayan sido "casi silenciados". El inefable polígrafo Jorge Lanata (historiador, novelista, periodista, conductor radial y televisivo y otros etcéteras un poco menos destacables), se basa en fragmentos descontextualizados de un libro de Norberto Galasso para afirmar que Scalabrini, en realidad, fue silenciado por el peronismo (ni antes ni después, sino única y exclusivamente por el peronismo) y al citar a Manzi  y a Discépolo despliega una serie de realizaciones artísticas de éstos que demostrarían -según él- que nunca fueron silenciados, ni "casi silenciados" siquiera. Con el método avieso que utilizara su maestro Bernardo Neustadt o sus actuales compañeros de ruta Morales Solá, Nelson Castro y otros célebres expendedores de mendacidad mediática, Lanata oculta la verdad escudándose en la ligereza de una nota periodística. Basta leer completa cualquiera de las obras de Galasso sobre estos grandes patriotas para comprobar que más que "casi" silenciamiento, sobre ellos se cernió toda la vida el más infame y criminal ninguneo de la prensa.

La viuda de Scalabrini Ortiz solía recordar que después del ‘59 muchos editores se acercaron a ella para que los autorizara a reeditar "El hombre que está solo y espera" y ella condicionaba esa reedición a que se hiciera lo propio con "Historia de los ferrocarriles argentinos" y "Política británica en el río de la Plata". Por supuesto, los editores desistían de inmediato de su empresa y al mejor modo bernardiano "lo dejaban ahí"...  Con Manzi y Discépolo, entre tantos otros, aconteció algo similar. Para difundir su labor meramente artística siempre tuvieron  medios a su alcance, siempre se los recordó como "el poeta de la nostalgia" (Manzi) o "el amargo filósofo de la porteñidad", cuyos tangos desgarrados y crueles tenían su indiscutible filiación en una infancia triste o en las presuntas infidelidades de su pareja (Discépolo). Jamás antes de 1970 (salvo los reivindicables trabajos, también silenciados, de Norberto Galasso) se mostró el perfil político de estos autores. Las nuevas generaciones surgidas después del ‘55 desconocíamos prolijamente  que Manzi, además de autor de "Sur" y "Malena" había sido importante dirigente yrigoyenista y cofundador de FORJA. Mucho menos conocíamos sus décimas a Juan y Eva Perón, estrenadas por Hugo del Carril a fines de los 40 o su notable discurso de 1947  "Tablas de sangre en el radicalismo", donde afirma aquello de que Perón "es el reconductor de la obra inconclusa de Hipólito Yrigoyen".

En cuanto a Discépolo, sus charlas de "Mordisquito" estaban guardadas bajo siete llaves (hasta ser editadas por Freeland en 1973), lo mismo que el motivo real de su muerte, provocada por el odio político de quienes antes se decían sus amigos. "Se murió de ganas" repetían sin mucha convicción los glosistas tangueros de la época. Y también lo dejaban ahí...

Conclusión: la superestructura cultural de la factoría tiene muchas maneras de silenciar o "casi silenciar" a un personaje molesto. Se lo puede enclaustrar, omitir, obstaculizarle todos los caminos a la difusión, como se hizo con Jauretche y Scalabrini, o, cuando no hay más remedio, porque son personajes populares como Manzi o Discépolo, se optará por falsificar su verdadera personalidad, cercenando los costados más peligrosos y urticantes de la misma.

Existe por supuesto otro método menos sutil: la drástica supresión física, de la que un "demócrata" como Mitre y un dictador como Videla (cada cual en su siglo) fueron entusiastas partidarios y cultores. ¿Tú también, Lanata?

 Juan Carlos Jara

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18 Marzo 2009

FILIPICA ROSISTA

 Francisco Casiano Beláustegui fue un poderoso estanciero y saladerista del siglo XIX. Si nos guiamos por el diccionario biográfico de Vicente O. Cutolo, fue un ganadero que jugó del lado del federalismo urquicista, ayudándolo económicamente y como proveedor. Otras voces lo recuerdan como un proveedor, pero de prostitutas para ciertos personajones del medio. En 1849 participó de negociaciones con la banca Baring para mediar con el gobierno argentino respecto del pago de la deuda que éste tenía con la banca inglesa desde los tiempos de Rivadavia. Es entonces cuando Rosas le envía una carta que -según comenta Norberto Galasso ("De la banca Baring al FMI", Colihue, 2001, p. 38-39), "sería conveniente  reproducir a la entrada  de las Facultades de Derecho y Ciencias Económicas de la Argentina, como advertencia para cierta gente". Allí le dice, mejor dicho le enrostra el jefe de la Confederación: "Sabe usted cuál es el origen  del empréstito de Inglaterra (se refiere al tristemente célebre préstamo de la Baring Brothers), sus condiciones, su objeto, su aplicación, sus funestísimos efectos. Contraído del modo más perjudicial en todos sus aspectos, por una administración de salvajes unitarios, sin plenitud ni legitimidad de mandato público a ese fin, fue legado con el penoso recuerdo de la malversación inmoral en que fue envuelto y dilapidado sin  cuenta ni razón alguna (...)¿Cree que los argentinos y los miembros de la Junta de Representantes verían con sumo agrado su nombramiento de representante de extranjeros tal vez con intereses en pugna?"

Después de la larga recriminación del Restaurador, Beláustegui decidió echar cautelosa tierra sobre el asunto y no volvió a "sostener públicamente este tema".

 

JCJ

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Sobre mí

Nací en Avellaneda, me crié en San Francisco Solano y estoy radicado en La Plata desde 1982. Soy profesor de Historia, recibido en la UNLP, y me he desempeñado conduciendo programas de Tango, otra de mis pasiones, en radio Provincia de Buenos Aires (AM 1270), emisora pública del primer estado argentino, en cuya discoteca cumplo funciones desde hace más de tres lustros. He publicado “Rivadavia, las provincias y la burguesía comercial porteña” (1999), en colaboración con Norberto Galasso, y participé, con una decena de biografías, del volumen conjunto “Los Malditos” (editorial Madres de Plaza de Mayo, 2005). En 2006 obtuvo el primer premio en el concurso organizado por el SIESE de Córdoba, con la monografía “Manuel Ugarte, precursor del nacionalismo popular”. También cultivo la poesía de temática popular y lenguaje coloquial urbano. En este carácter he logrado en el año 2000 el primer premio del concurso organizado por el Círculo de Poetas Lunfardos de la ciudad de Buenos Aires, dependiente de la Academia Porteña del Lunfardo. Tengo en preparación una “Historia social del tango” y una biografía del poeta y músico Cátulo Castillo.

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